lunes, 26 de noviembre de 2007

Casi de Vuelta

Hacia tiempo, demasiado, que no me sentaba a escribir.
Es natural, que con el ritmo implacable de esta vida llena de aventuras y recobecos en la
que me he embarcado, sea dificil tomar una pausa, respirar profundo y dejarme caer en la delicia de mis dedos rozando el teclado sin un rumbo definido, agregando una letra a la vez, una cadena de palabras insospechadas y nuevas que solo comienzan a hacer sentido una vez que puedo alejarme del teclado y sonreir al descubrir que he escrito un par de frases coherentes.
No siempre escribo asi, al tanteo. Hay veces que comienzo con una idea clara y hasta una estructura definida, pero si, el texto siempre termina siendo un poco diferente de lo que habia imaginado. Siento, por ende, que en ocasiones no soy yo el que habla, el que escribe, sino que mis dedos son poco mas que un instrumento utilizado por un texto que existe desde siempre (Consulte usted al Dr. Borges y su biblioteca de Babel (por cierto que tambien le recomiendo visitar el borgiano blog de Mi amigo Julez enlistado aqui a la derecha)) y que solo me toca plasmarlo aqui en este espacio construido de ceros y unos.
En fin, sea cual sea el origen de las palabras la realidad es que me encanta escribir y que no lo hago lo suficiente.
Asi que me he propuesto, antes que termine el ano, escribir un poco mas.
Un saludo a todos.

viernes, 19 de octubre de 2007

Los dias de la humedad; parte II

Intentaban moverse y rendidos volvian a caer boca arriba sobre la banca de madera desgastada por el paso de los años. Entonces los idiotas permanecían ahí, completamente entregados al sopor de su delirio, profundamente inmersos en esa patética fantasía alucinógena, deleitados ante el collage de colores que el coctel de químicos en sus cerebros producía, sin darse cuenta que cada vez que accionaban ese émbolo y la sustancia recién sublimada viajaba por la jeringa de 2mm y através de sus venas y entraba en la fiesta del flujo sanguíneo hasta que se depositaba en los canales mas pequeños de sus mente y sus receptores se confundían y alocaban y su actividad cerebral se disparaba en flujos irregulares y ellos se sentían estupidos y extasiados, como a bordo de un dragon rojo en una fiesta de fuegos artificiales, era un suicidio. Ahi, boca arriba en una de las bancas, con las manos bien tensas y apenas entrelazadas sobre su pecho, el suicidio de estos imbeciles resultaba mas util que continuar con su inservible y mísera existencia. Su suerte había sido echada desde lo remoto de los tiempos, ellos serían los desechables; aberraciones sociales que estaban mejor ocupados así, tirados a la mierda de su vicio, que en cualquier otro lugar.

Continuara....

martes, 9 de octubre de 2007

Breve

Hoy llovio en la ciudad
Finalmente, un poco de frescura, en el calor de un verano que se extiende sin final.
Yo corri, mojado y fresco, de un lugar a otro.
Divertido, me gusta el agua.
Un saludo a todos.

lunes, 8 de octubre de 2007

domingo, 7 de octubre de 2007

La muerte de una rosa


Y en ese justo instante, una bala atraveso el centro de la fragil criatura.
Y asi, de una forma tan espontanea como su genesis, su muerte concluia.

sábado, 6 de octubre de 2007

Envolturas

Un sitio que me parecio habia que ver.
Solo por la envoltura ya me los quiero comer!!!

http://pingmag.jp/2007/08/31/japanese-packaging-design-series-1-gifted-with-beauty/

viernes, 5 de octubre de 2007

Los días de la humedad

Amanecía en la ciudad de los cielos rojos donde en realidad nunca obscurece.
Como un dinosaurio terrible, la neblina lo cubría todo. Allá engullía la punta de los edificios, acá, suave y delicado abrazaba los faroles. Como enormes troncos, sus patas en las calles, inamovible.
Se sentía un aire de atemporalidad, una sensación de vértigo, como justo cuando algo grande está a punto de ocurrir y el tiempo de pronto se alenta y se estira para rematar como con un ligazo el desenlace del explosivo evento.
Dentro del cuarto, en el sexto piso de un edificio viejo que en su esplendor fuese un lujoso hotel con sus candiles y mosos y pisos de marmol y tinas de oro y mas mosos y mucamas y la gente usando pesados abrigos de piel y choferes y cocineros y lobbies y y dandies paseando y cantidad de tesoros y valijas y la biblia en un cajón y mesas y bancos otomanos y sábanas de algodon egipcio de 800 hilos y ahora era poco más que un edificio de apartamentos de paredes delgadas y tuberías goteando y ocasionalmente ratones corriendo y cerrojos que se atascaban y un elevador que rechinaba y escaleras de emergencia llenas de colillas de cigarro, sus cuerpos tibios se desentendían.
Los dos, cuerpos sudorosos y tibios, inundando el cálido cuarto con un aroma dulce, yacían inmobiles, respirando profunda y rápidamente, esperando obtener del aire algo mas que humedad de esa mañana pegajosa, como dos cachorros que caen rendidos despues de juguetear y se tiran a recuperar la respiración. Y es que era tal la humedad que uno casi podía comerse el aire a mordidas, masticar el viento y escupir nubes. Básicamente, era como estar dentro de una pecera, y me temo que si a alguien se le hubiera ocurrido y hubiera intentado lo suficiente hubiera sido posible levantar el vuelo y nadar en esa gran pecera que en ese momento cubría la ciudad.
Afuera del cuarto, en el parque en el centro de la ciudad, donde solían pasear mujeres de vestidos pomposos empujando carreolas cubiertas en sedas de claros colores, los vagabundos se ahogaban en su delirio. El piso cubierto de jeringas, las venas hinchadas, los ojos rojos, las sonrisas desfiguradas, y esos cuerpos aplomados en las bancas de este, ahora, triste lugar. Una gota rodaba por sus mejillas.

Continuará.........

jueves, 4 de octubre de 2007

A un gato

Eres felina, porque vienes y juegas conmigo, y me rasgunas y me enganas, y te vas. Vuelves y te entregas, juguetona y orgullosa, te duermes, y me exijes caricias y juegas conmigo un poco mas.

Eres felina por hermosa, porque duermes, y me despiertas para jugar, y te vas. Eres felina por sensible, por sutil y por tramposa. Por esbelta, misteriosa y por silvestre.

Eres felina porque te atrapo y te me escurres. Porque sonries, porque regresas. Eres felina; y me encantas.

lunes, 1 de octubre de 2007

Una canción puso en palabras justo lo que pensaba:

Nada parece pasar página a este anhelo todo menos lánguido,
¿Cuál es la lógica de que se abra para mi
tu boca tan magnífica?

martes, 7 de agosto de 2007

Montaña

Un paso y mil más, esfuerzo, cansancio, un poco de dolor; determinación. Un ascenso en solitario, un riesgo grande, calculado.
Y tú, fría, ignorándome, castigándome con la helada ventisca de tu indiferencia, con la fría nevada de tu desprecio.
Nuevamente, una colina, piedras, arena, la tranquilidad y esa sensación de soledad.
Las nubes, los truenos, los rayos, y el viento, ese viento que destruye, ese frío que hiela, el granizo y la nieve.
Una ruta inescalable, peligrosa; irresponsable. Una noche demasiado fría, peligrosamente tormentosa.
Pronto, la inquietud de los factores, la decisión de dar la vuelta. Solo, de subida, solo, de bajada. Retirada; la montaña permanece, prefiero conservarme la oportunidad de volver.

Gracias por la enseñanza, gracias por tu grandeza.


lunes, 23 de julio de 2007

Reconquistando las montañas, parte 1

Me desperté a eso de las tres de la mañana. Siempre, la noche antes de una expedición, por simple que sea, no puedo dormir. Completamente despierto, vuelta y vuelta en la cama, recontando una y otra vez lo que llevaba en la mochila, mentalmente recorriendo la ruta, revisando el detallado algoritmo de todo lo que había que hacer, enlistando la cantidad de detalles que podrían salir mal, y sobre todo, repasando lo que tenía que hacer para que todo saliera bien. Finalmente, a las 6, el ansiado sonido del despertador. Un regaderaso, tres platos de cereal, tomar el taxi, y el metro. Impresionante cantidad de gente viajando por el subsuelo un sábado a las 7 de la mañana, y las curiosas miradas que recibes cuando cargas una mochila de montaña.
Puntualmente a las 730, llegaba al metro Blvd. Puerto Aéreo, lugar del encuentro acordado con Alfredo González. No había tenido el gusto de conocerlo antes, pero no fue muy difícil de encontrar. Así, tras un breve saludo y las últimas bendiciones de su madre que lo acompaño hasta la parada del camión (la mía dejó de hacerlo hace tantas expediciones) partimos hacia San Rafael, para iniciar nuestra caminata. El camino fue muy bueno y tuve tiempo de conocer mejor a Alfredo. Fue bastante arriesgado aventarnos a hacer una caminata tan agresiva sin conocernos, hay muchas cosas que pueden no funcionar, pero para mi era parte de mi entrenamiento como guía. Finalmente, a las 9 llegábamos a San Rafael, y tras unos breves ajustes a la mochilas comenzábamos la caminata.
Empezamos a subir por una ladera bastante empinada que asciende junto a un tubo de agua instalado durante el Porfiriato para llevar agua del deshielo hasta el valle de Chalco. Para mí, esa subida es la parte mas difícil del ascenso, es un tramo muy inclinado, lodoso, con mucha vegetación y muchísima humedad. Subimos el tubo a un excelente ritmo, llegando al primer puesto de quesadillas en muy poco tiempo. De aquí, seguimos el ascenso por una serie de caminos anchos y veredas que suben la ladera boscosa hasta Nexcoalango. El bosque estaba lleno de neblina y ese fabuloso olor a vida húmeda que tan intensos recuerdos me trae.
El ritmo de nuestro ascenso era excelente, yo estaba impresionado por la condición de Alfredo, y un poco preocupado por encontrar el ritmo preciso para que no se cansara a la mitad del camino cuando la altitud comenzara a hacer efecto. Fue aquí que nos topamos con Abraham, hombre pesadamente tartamudo y excelente persona, que subía para supervisar el entrenamiento de una brigada de Socorro Alpino. Nos hicimos compañía con este interesante hombre de ancho pecho, abundante pelambre y espesa pronunciación, cruzamos algunas anécdotas, nos reímos y nos hizo, de alguna extraña forma, más ameno el ascenso. Un par de horas después de haber comenzado nuestro ascenso nos sentamos a comer el lunch, preparé unos pequeños sandwiches de spam con queso que Alfredo y su servidor gozosos engullimos.
Algunos minutos después de haber reiniciado nuestra caminata llegamos a Nexcoalango, lugar de unos grandes tanques de agua que colectan el agua de deshielo para muchos pueblos del valle, pero mucho más importante, lugar de las quesadillas de la Victoria, que le prometí a Alfredo disfrutaríamos a nuestro regreso de la cima. Llevábamos una hora y media de ventaja de acuerdo a nuestro itinerario, y un ritmo muy respetable. Hasta aquí nos acompañaría Abraham, así que tras un breve y efusivo saludo a mis viejos amigos de las quesadillas, continuamos nuestro ascenso. Eran las once y media de la mañana y ya nos encontrábamos a 3500 metros.
Continuamos nuestra caminata, muy contentos por el excelente tiempo que llevábamos, y yo muy tranquilo por las condiciones climáticas; unos 12 grados, poco viento y nubes altas. Era claro que habría precipitación pero también que esta sería hasta el anochecer. Tomamos por un rato la vereda que asciende por Loma Larga, y luego continuamos un tramo a campo traviesa. En verdad disfruto caminar a campo traviesa. En esta parte del ascenso es muy marcada la transición de bosque a bosque de coníferas, el olor de pinos inunda el aire, y la vista se llena de flores moradas. Seguimos ascendiendo, con el cansancio poco a poco sumándose y con las cada vez mas frecuentes paradas para recuperar la respiración, pero los ánimos mas altos que nunca. Así llegamos al refugio destruido de Láminas, y seguimos por una vereda que continuaba por la derecha.
Conforme pasábamos el refugio, me entró la duda, le comenté a Alfredo que según yo la vereda seguía por el otro lado del refugio, pero supuse que tantas otras montañas y hacía mas de un año de no recorrer esas rutas me habían confundido, y seguimos hacía el sur. Avanzamos y avanzamos, y nos despedimos de los últimos árboles, habíamos cruzado ya los 4000 metros.
A partir de ahí el terreno sería rocoso, arenoso y dibujado por pastizales alpinos. Continuamos subiendo y junto con nosotros subía una densa neblina. Algo así como una hora después, me inundó una sensación de que algo no estaba bien, algo me decía que íbamos por la ruta incorrecta. De pronto el cielo se cerró completamente y comenzó a granizar. Nos pusimos las chamarras impermeables, y nos sentamos bajo una gran roca. Las nubes fueron arrastradas por una fuerte y continua corriente de viento, y de pronto el cielo se despejó.
Frente a nosotros, con todo su esplendor, el pecho del Iztaccihuatl se dibujaba contra el cielo azul, unos mil quinientos metros mas arriba. La vista gloriosa me indicaba dos cosas, sin duda esta montaña era hermosísima, y, definitivamente, íbamos por la ruta incorrecta. Tenía dos opciones, descender por el camino recorrido y retomar el sendero correcto, o circundar la montaña hacia el norte a campo traviesa y a mas de 4000 metros de altitud.
Subí una loma para hacer un reconocimiento, porque sabía que el terreno hacia el norte estaba marcado por verticales caras rocosas que serían difíciles de desescalar para un neófito. Visualicé la ruta que habríamos de tomar y regresé para evaluar a Alfredo. Era evidente que estaba cansado, pero no noté nada preocupante, y decidí que nos iríamos por la aventura. El clima era excelente, y sabía que dejando a un lado lo cansado, sería una travesía hermosa y muy disfrutable. Estaba consciente que sería muy cansado para él, pero no había duda de su excelente condición y su inigualable entusiasmo.
Así, con el cielo ahora despejado nos aventuramos, recorriendo las laderas del Izta. Desescalamos un par de paredes rocosas, subimos y bajamos un algunas laderas, y un par de horas después ya estábamos cada vez mas cerca de nuestro refugio. Avanzamos más y finalmente vimos el teyotl, que es una montaña por mérito propio, pero que junto a la imponente cabeza de la mujer dormida parece poco más que un cerro. Finalmente, tras una última y muy agotadora subida, llegamos al refugio.
Eran las 7 de la noche, habíamos ascendido ya 10 horas. Dentro del refugio habían tres personas más, un padre con sus dos hijos. Descansamos un rato y luego nos dispusimos a preparar la cena. De cena, para recompensar a Alfredo por su excelente esfuerzo y disposición, preparé espagueti al pommodoro, con spam y queso. Fue una excelente cena que acompañamos con un poco de té. Así, después de cenar nos dispusimos a descansar, preparamos los detalles para el ascenso del día siguiente, y nos recostamos. Afuera granizaba, luego llovía y luego nevaba, pero no había mucho viento ni frío. Habíamos calculado el agua perfectamente, teníamos un litro para la noche y otro para el día siguiente.
Mientras descansábamos llegó un grupo de 6 escaladores, y todos preparaban la cena. Finalmente, a eso de las 10 de la noche el refugio quedó en silencio, salvo aquel del viento afuera y los intensos ronquidos de algún despreocupado montañista.
La noche transcurrió tranquila, con el obligatorio y frío par de visitas al baño y con la revisión del clima a las 4 de la mañana. Había nevado algo en la noche, pero nada serio. A las 5 de la mañana y casi en sincronía con el grupo de 3 otros escaladores, sonó mi despertador. Decidí que aún era muy temprano y que debíamos salir a eso de las 6 de la mañana para estar en la cima a las 7 y ver el amanecer con todos sus tintes. A las 545 nos levantamos, mientras Alfredo se preparaba yo calentaba nuestro apetitoso desayuno de avena y galletas. Comimos, y puntuales a las 6 salíamos del refugio. El escalador padre y sus dos hijos, una hora después de haberse levantado, aún seguían preparándose.
Comenzamos el ascenso. Era evidente que Alfredo estaba cansado, cada vez paraba más a recuperar el aliento, y había despertado poco platicador. También estaba algo tenso por nuestra ruta entre las piedras, pero yo trataba de alivianarle el ascenso. Finalmente, a las 7 de la mañana poníamos pie sobre la cima del Téyotl, habíamos alcanzado ya los 4660 metros!
Mi amigo permaneció varios minutos en silencio, contemplando las últimas luces de la ciudad a lo lejos, y los nacientes tintes de colores en las nubes sobre nosotros. Permanecimos en la cima una media hora, contemplando, gozando, absorbiendo la vista, y pensando en la magnificencia de la naturaleza, en lo mágico de este paradisíaco lugar a 10 horas de caminata de la ciudad. La cima es siempre un lugar glorioso, es un reflejo del esfuerzo, un lugar para la reflexión, un lugar al que solo llegas paso a paso, y venciendo tus propios demonios y sacudiendo tus dudas. Al llegar, te preguntas que haces ahí, pero todo tiene sentido, estas ahí por ti, por los tuyos, por todo lo que cargas contigo. Es un lugar de extremos, de absolutos. Compartí algo de esto con mi amigo que ahora experimentaba su primer cima.
Tomamos las fotos reglamentarias, y luego comenzamos el cauteloso descenso.
Antes de las 8 estábamos en el refugio, donde el padre y sus hijos recién salían a intentar ascender al pecho por el cuello, una ruta larga y relativamente peligrosa. Empacamos nuestras cosas y a las 8 comenzábamos el descenso. Bajamos rápido, disfrutando de largos tramos a campo traviesa. Pronto estábamos ya de vuelta en el bosque, y a las 11 llegábamos a Nexcoalango. Ahí disfrutamos las prometidas quesadillas, yo comí una de queso, una de tinga, una de hongos con queso, y una de picadillo. Necesitaba reponer las calorías perdidas, y celebrar el éxito de nuestro ascenso.
Tras una breve pausa gourmet, continuamos la bajada y a la 1 pm estábamos de vuelta en el Pueblo, el dulce sabor de la civilización. A la 1:15 tomábamos el camión de regreso, y a la 130 estábamos ya en la parada del metro. Tomamos un taxi, y así, sucios, con las piernas cansadas, oliendo mal y odiando nuestras mochilas dábamos por terminada esta excelente expedición. Una expedición en la que todo fue de maravilla, y como la que desearía, pudiera ser cada viaje.

Dos semanas después intentaré ascender el Iztaccihuatl hasta el pecho, aún no sé porque ruta.
Manténgase sintonizados para el relato de ese intento a la cima.
Saludos

Eduardo

lunes, 9 de julio de 2007

Estaba de pie, ahí, frente al espejo. La sangre brotaba de la herida sobre mi ceja, y resbalaba a gotas llenas de color por mi nariz, bajaba por mis pómulos y se acumulaba en gotas temblorosas en el borde de mi barbilla.
La sangre, roja fuente de la vitalidad. Escandaloso recordatorio de mi fragilidad.
Mis manos, rojas, deslavándose bajo el chorro de agua del lavabo. Todo fue tan rápido, un movimiento, una esquina, el dolor, y la cálida humedad. Un golpe francamente torpe, patético, y en el piso las gotas del rojo líquido, del espeso fluido. Me lavé, y la sangre seguía brotando. Finalmente, una gasa, un poco mas de sangre, y una herida que pronto será cicatriz.

Entrega 1

Subió el último escalón que separaba la pequeña puerta de entrada de la calle. De alguno de los bolsillos de su pesada chaqueta verde de gabardina sacó la llave, la insertó en el cerrojo con una precisión milimetrica y una frialdad tan sorprendente como brutal. Giró la llave y abrió la puerta, con una pesadez extraña que parecía inundar todo en esa noche lluviosa. Avanzó por el pasillo con unos pasos lentos, pesados y casi automáticos, tras él, la puerta se cerró. Lentamente, sin cambio alguno en su velocidad, ascendió escalon por escalón los cuatro oscuros pisos que llegaban a la entrada de su hogar.
Una vez ahí, tomo con su grande mano el pomo de la puerta y lo giró metódica y precisamente hasta que la puerta se abrió. Entró a su húmedo apartamento, cerró la puerta y lentamente puso llave. Una, dos, tres veces giró la llave, la retiró y la colocó en el mismo bolsillo de su chaqueta verde de donde la sacó. Caminó unos pasos hasta estar detrás del banco en la barra frente a la estufa. Se quitó la pesada chaqueta verde y la puso, aún escurriendo gruesas gotas de la lluvia que hacía tres días asotaba la ciudad dia y noche, sobre el respaldo del banco. Con la misma pesadumbre que lo envolvía esa noche, caminó unos pasos alrededor de la barra que separaba la cocina del comedor, y entró en su pequeña cocina azul de azules y pulcros acabados.
Con su mano tomó la última pera que quedaba sobre el canasto de la fruta. La llevó a su boca, y la mordió, fuerte y fríamente. Por su quijada resbaló el espeso zumo de la fruta, elevando un dulce aroma que lo transportó de vuelta a su niñez de soleadas tardes en el pasto, de cazar liebres cerca del cobertizo con el rifle de su tio, su infancia de ropa sucia y pantalones con rodillas rotas y parchadas y vueltas a parchar. Fue tan intensa la sensación del aroma, que no supo cuanto tiempo pasó así, reviviendo tantas y tantas tardes de nadar en el lago, de la soleada mesa de la cocina con olor a carne y fruta en la gran cocina de la abuela, de la soledad....

miércoles, 4 de julio de 2007

To my dear Friend:

When someone believes in a friend is somewhat like peace on earth, you have so much confidence in one single guy that you can almost close your eyes and see himself attending to your very funeral; when friendship becomes so damn important it doesn’t matter how far brothers are, you can always trust he thinks of you at least once a day, doesn’t matter he only remembers your face in a spot of a memory flash, doesn’t matter he just remembers your name… what truly matters, is that he wishes to be spending time with you in a party , watching a movie, studying in the university outside’s bench, crying because he misses so much his girl or whatever comes by… in this life we’re running out of true friends, and I believe, with all my heart, that you are one of them…. Just for making your life a bit better and to presume that you have a friend that eventually became your brother.
Give my best to your family.

Marcos Mora Magaña.

martes, 3 de julio de 2007

Perfume, II

Una vez más, llegó a mi la profundidad de tu perfume.
Me tomó de sorpresa, como un huracán, y me arrastró a las profundidades del recuerdo.
Quiero volar, en el la tormenta de la memoria, dejarme llevar por los brazos de tu perfume.